IDEALISMOS...
-Son las cinco de la tarde. Aun hay la suficiente luz para poder escuchar música decente.
Al fondo se deja oír una voz ronca y poco melodiosa, ella disfruta mientras él juguetea con la portada del disco.
"...que manera de alzarse en un abrazo,
el odio, la traición la muerte el lodo,
lo que constituyo tu pensamiento,
ha muerto todo...”
-Mmm, deja cambio la canción, esa me gusta mucho, pero quiero que escuches esta...
-Umm, ¡¿quién canta eso?! - mira en la portada a un hombre negro, de rizos sesenteros y un gafas de pasta negra- ahhh, ya...-hace un gesto de desagrado.
-si, así es.
-¡Este cuate siempre ha sido vacilón!-guapeo y ella lo miro seria.- ándale amor, ríete, era un chiste, nada serio.
-si, si.-dijo distraída- escucha esta, esta muy buena...
"El nacimiento de un mundo
se aplazo por un momento,
un breve lapso del tiempo,
del universo un segundo...
sin embargo parecía que todo se iba a acabar...
una distancia mortal, que separo nuestras vidas..."
Ella lo miro... Miro cuan idiota era él y se pregunto él porque era su novio. Él, ajeno al escrutinio, la miro con deseo, se acerco para besarla. Ella se resistió un momento. No pudo más.
-Quiero hacer el amor- Ella sólo sonrió con ironía, él creyó que era un sí. Comenzó a besarla convencido, con urgencia, dejándose llevar por la siguiente canción. "hoy la vi." un dueto.
-No- Exclamo indecisa. El se separo un momento y la miro como si estuviera loca, ella aprovecho ese lapso para recobrar la compostura.
-¿No?
-No.
-¿Por qué?- reclamo él. A veces era tan ridículamente humano, pensaba ella.
-porque no quiero pensar.
-¡Pero no vas a pensar! vas sentir- Insistió.
-Tal vez... tal ves tu sólo sientas, pero yo voy a pensar.
-no seas ridícula, tu sabes que en las artes amatorias no se piensa. Es instinto.
-no se... pero... después del sexo me da por pensar.
-¡Patrañas!
-Calla. Escucha...
"la vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga"
-¡ah!, ¡que basura dice ese güey!
-si... la vida no vale nada... - ella sigue ausente.
-vamos, hagámoslo, hazme olvidar que existo...
Ella lo miro por primera vez realmente. Lo desconoció por completo. Miro que tenia unos ojos negros penetrantes, el cabello negro revuelto, las mejillas rojas...si, era otra persona... una persona inteligente. Ella se entrego al amor más de una vez mientras el disco que le había regalado su padre corría en repet una y otra vez...
FRIXIONES
Ágata pertenecía a un club de fan de un grupo sardónico cuyos sonidos góticos, heavy y hard core que eran consistentes y a ella tanto la embriagaban.
Michel, en cambio, estaba muy atraído por las influencias del pop, happy punk y ballenato.
Ambos eran en extremo distintos (de la forma en que los sentidos no coinciden al sentir o al mirar u oler).
Michel termino por aceptar que jamás convencería a Ágata de cambiar. Ágata ni siquiera lo intento.
Pero se amaban y compartían cierta intimidad en sus ritos sexuales. Ambos se hacían uno solo, en más de un sentido. Creían que saciando sus instintos quedarían en paz. Firmaban treguas momentáneas, pues besándose tenían intensiones simples. Sabían que después del acto serían muy distintos. Y así lo era, pero se aferraban de alguna manera a la verdad suspendida, difícilmente, entre ellos. Una verdad irreal e idealista. Una hora de seducción, 5 minutos de mete y saca, unos segundos de recuperación de aliento y al parecer le seguía un silencio incomodo. Ambos dejaban gran parte de si mismos mientras se despedían para volverse a ver al día siguiente.
Es raro, pero consiguen llevar un equilibrio hirientemente agradable.
ANOMALIAS
"Cada vez que miro tus ojos, parece que me atrapas", murmuro Cecilia abrazada a su entupido cojín de encaje. Alberto volteo a verla sin comprender a lo que se refería. Cecilia rió coqueta y tontamente. Alberto no aparto la vista de sus senos desnudos, pues ella los tiene redondos y deseables y no suele pensar en nada más que en su cuerpo. Ella lo nota y se sonroja. Él hizo caso omiso a sus quejillas no del todo convincentes. A él le embargaba el deseo de su cuerpo. Es en lo único que se fija. Ni siquiera la mira a la cara, ni siquiera sabe que detesta su idiotez, solo sabe que la trajo para hacerle el amor y ella sabe que a eso vino.
"¿Por qué nunca me dices que me amas?". Silencio corto.
"Quizá porque no te amo" acertó a decir mientras le besaba el ombligo. Ella se sintió herida.
"¡Eres un cínico!" perdió la compostura y adquirió un color escarlata que la hacia verse muy bonita. Con la misma indiferencia de un verdugo, Alberto la penetro y ella gimió dolorosamente. Nada. Apenada, mancillada, destrozada, Cecilia comenzó a vestirse. Alberto no la detuvo y ella salio siempre virgen, atascada de belleza, contraria, para buscar el amor en otro lado, mientras tanto, él pensaba que había sido sincero, y se disponía a ver televisión.
miércoles, 13 de junio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario