"Dadme un punto de apoyo y levantaré un muro" Arquimidez.
Nunca he tenido miedo a mostrarme complacida. Te dije que nada sería perfecto y tú sin embargo preferiste esperar a que te diera la cortada de yugular. Te dije "me quiero casar contigo" y cuando preguntaste porque tiraste todas mis defensas y termine vacilando ante tus ojos. Hemos discutido miles de ocasiones por la misma hechura. La lejanía nos mantiene cuerdos. Hoy te vas a Celaya y yo me quedo a escribir una novela para esa revista desconocida. Fui al cine una par de veces antes de tu regreso. Y porque no decirlo, todas esas veces regrese acompañada. Jamás me aprendí sus nombres. Por alguna extraña razón suelo fijarme en sujetos con nombres impronunciables. Basta para que sea las diez y tú no has llegado. Sé que el vuelo te traería a casa a las 6 y media... ya son las 2 de la mañana. Suena el teléfono y contestó ronca, enfadada, ansiosa, perceptiva. "Hoy no voy a llegar". Mi mente vuela en la sintaxis de las palabras: no llegaras hoy 28 de junio o ayer 27?. Como siempre, mi video casetera es la mejor compañera del amigo solitario. Me rife a ver dos películas antes de verme presa del sueño: La primera fue Naranja Mecánica de Stanley kubrick y El Gran Pez de Tim Burton. Cuando el sonido del himno nacional se hizo insoportable en la radio, supe que hablabas de no llegar el 28. Me levante, prendí la computadora y teclee algunos borradores, pero mi mente se suspende en pensamientos silenciosos y termino atiborrándola de cosas sin sentido. Entonces me llego la luz y supe que debía exfoliar mi espíritu escribiéndote una nota simple y concisa para que no tuviera que hablar. Cuando llevo el titulo a cumbre "la ira" (que tarde media hora en concretar y decidir que era mejor que "la peste"), mis dedos se movieron con una agilidad asombrosa y luminiscente que creí haber perdido. De repente otra llamada... y yo, por supuesto, de lo más pasional tome el auricular y ladre un saludo "soy yo....". El teclado queda en silencio y mi respiración se vuelve irregular. Tu voz es entonada y lejana, pareces cansado y sin ánimos de pelear. De algún modo te entendí porque me siento de la misma manera todos los días... y entonces toses. Te pregunte si andabas bien... te ríes y me emociona la lentitud de tu habla. "publicaran mi obra". Alegría me invade. De repente siento un escalofrió... y no se.. Dices al fin lo que esperaba desde hace rato "tengo una amante...". Nada. Sin querer he borrado todo lo que tenía escrito y sin preámbulos apago la maquina para sostener con ambas manos el teléfono. Ni siquiera lloro. Lo veo como algo meramente natural. Una de las cosas que debían suceder desde el principio. Me rió. Por alguna extraña razón pasaste de ser mi amor a un amigo. Te pregunte por ella y de manera cohibida me mencionas que es Tapatía de ojos y cabellera negra. Me rió. Aparentemente debería estar celosa, pero.. No lo estoy... me siento contenta por ti... "me he casado". El frió me dio salivazo de conmoción. Esta vez ya no supe como fue que me pare, me calce y colgué. Prendo la computadora y redacto una despedida formal. Para cuando la leas yo ya estaré más calmada y hasta iré a felicitar a la mujer. Pero en lo que pasa, voy a lamerme mis heridas con un poco de alcohol y aquella hierba espectacular que tuviste la amabilidad de mandarme como regalo de tu boda.
miércoles, 13 de junio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario